El 1% de las chilenas padece de menopausia precoz, patología que se da en mujeres menores de 40 años y hace que el ovario pierda la función reproductiva y hormonal. Pero existen nuevos métodos por los que aquellas mujeres que sufren menopausia precoz pueden ser madres.
Uno de los primeros síntomas es la irregularidad de las reglas, incluso por meses. Hasta que finalmente, el ovario dejará de funcionar, no ovulará, cesarán las reglas y la posibilidad de embarazo.
Este hecho es muy importante, en especial si se toma en cuenta que la vida actual ha llevado a postergar la maternidad incluso por sobre los 30 años. Así, mientras la probabilidad de lograr un embarazo por ciclo menstrual de la mujer es de un 23%, este porcentaje disminuye prácticamente a cero al llegar a los 45 años, mientras que las posibilidades de aborto luego de los 38 se incrementan notablemente.
Entre las principales causas conocidas figuran las enfermedades autoinmunes y/o metabólicas como tiroiditis, lupus, diabetes, alteraciones genéticas y cromosómicas; principalmente del cromosoma X, factores asociados a procedimientos médicos (operaciones o tratamientos) como extirpación quirúrgica de los ovarios, radioterapia o quimioterapia.
“La incidencia de la menopausia precoz es de 1 cada 100 mujeres y en alrededor del 90% de los casos es desconocida la causa. Más aún, no hay exámenes o pruebas que permitan identificar el riesgo de tener este problema o de predecir su aparición, excepto en los casos de menopausia precoz secundaria, en problemas oncológicos (por la quimio o radioterapia asociada al tratamiento) o en caso de procesos quirúrgicos en los ovarios”, destacó el doctor Claudio Álvarez, de Clínica ivi Santiago.
Los síntomas abarcan desde bochornos, aumento de la frecuencia cardíaca, insomnio y dolor de cabeza hasta cuadros depresivos. Por esto, es muy importante que los tratamientos sean integrales e interdisciplinarios, que abarquen áreas psicológicas, biológicas y de fertilización.
El apoyo psicológico debe estar dirigido a asumir los cambios que se están viviendo y a aceptar que la esencia de mujer no ha dejado de ser tal por dejar de menstruar. Desde el punto de vista de la fertilidad se cuenta con tratamientos disponibles en Chile que dan la posibilidad real de ser madre, como la donación de óvulos y la vitrificación de éstos, ambos realizados en Clínica ivi Santiago.
El procedimiento de donación de óvulos no sólo sirve cuando una paciente ha alcanzado la menopausia en forma prematura, sino también para quienes les han sido extirpados ambos ovarios, tienen anomalías cromosómicas que sistemáticamente se transfieren a su descendencia o no responden bien a diversas técnicas de reproducción asistida (fertilización in vitro – inseminación artificial).
Para el tratamiento, las donantes de óvulos se someten a exhaustivos controles, similares a los realizados a los donantes de semen, para poder descartar el riesgo de enfermedades congénitas, de malformaciones y enfermedades de transmisión sexual. La donación de óvulos es el tratamiento más eficaz que existe, sin duda, en reproducción asistida. Las mujeres receptoras, en tanto, deben someterse a una terapia hormonal para preparar su organismo. Una vez obtenida una donación adecuada, estos óvulos serán fecundados con el semen de la pareja para posteriormente proceder a la transferencia embrionaria.
Según la Ley Española de Técnicas de Reproducción Asistida, toda donación de gametos o embriones debe ser anónima y voluntaria, por lo que a ivi no le está permitido revelar la identidad de donantes ni de receptoras. Por lo tanto, la única información que se puede facilitar a la receptora acerca de la donante son datos de interés para un correcto seguimiento de la gestación: grupo sanguíneo y edad de la donante. En Chile, pese a no existir una ley, se aplican los mismos criterios.
Las pacientes también pueden recurrir a la vitrificación de óvulos, la que permite preservar la función reproductiva en aquellas pacientes que van a perder su función ovárica. Clínica ivi es pionera en la aplicación de esta técnica en Europa, la que consiste en la inmersión directa de los óvulos en nitrógeno líquido, cuya temperatura es de -196ºC, previo tratamiento de los mismos con sustancias crioprotectoras. La principal ventaja de esta metodología es que no se forma hielo, a diferencia de lo que ocurre en la congelación tradicional, en la que el material se solidifica en forma de cristales que pueden lesionar al óvulo al actuar como verdaderas cuchillas sobre las estructuras celulares. Con la vitrificación, los resultados de supervivencia ovocitaria post desvitrificación superan el 95%, logrando tasas de gestación similares a las obtenidas con óvulos frescos.